EL GRAN METAFÍSICO, GIORGIO DE CHIRICO, ÓLEO SOBRE LIENZO



Giorgio de Chirico, El gran metafísico, 1916. Óleo sobre lienzo, 110 x 80 cm. Staatliche Museen, Berlín. Patrimonio Cultural Prusiano, Galería Nacional.

Giorgio de Chirico sólo pintó durante algunos años cuadros nuevos y fáciles de retener en la memoria de plazas abandonadas y calage de materiales dispuestos de forma mágica. Estas obras son esenciales para el arte del siglo XX e inspiraron a Max Ernst, René Magritte, Salvador Dalí y muchos otros.  A partir de 1920, cuando su trabajo se hizo más amplio, de Chirico se copiaba a menudo a sí mismo.  Sin embargo, este pintor también pintaba de forma "clásica': sus pinturas se convirtieron en barrocas y neoimpresionistas.

Los comienzos de este pintor italiano, griego de nacimiento, ya se caracterizan por la nostalgia hacia lo clásico, con su apariencia necesaria y actual, que se encuentra en la arquitectura italiana y en la geometría de la pintura del Quattrocento de Paolo Uccello y Piero della Francesca.  

De Chirico combinó excelentemente el espacio transparente, en el que las cosas se aíslan como si fueran monumentos, con el fraccionamiento del espacio racional del Cinquecento en perspectivas diagonales y divididas y en enigmáticos e irracionales espectros espaciales y superficiales.  Con ello se encontraba muy cercano a la arquitectura de composición cubista.  Sin embargo, lo irracional y la Intranquilidad recuerda otra relación totalmente diferente.  De Chirico había estudiado en Munich, donde se Interesó por Amold Bocklin.

Así, el lenguaje pictórico moderno e independiente de este pintor todavía contiene el simbolismo enigmático e indescifrable de La isla de los muertos; sin embargo, ha sustituido lo literario y lo descriptivo-psicológico del siglo XIX por una atmósfera abstracta de construcciones erguidas alejadas de las personas y de marionetas autosuficientes.


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